martes, 28 de febrero de 2012

"Waiting for the barbarians" de J.M. Coetzee



No comprendía que Zhuchenko le inquietaba 
no porque fuera más culpable que él, sino porque 
su terrible monstruosidad innata le disculpaba, 
mientras que él, Jmélkov, no era un monstruo, 
sino un hombre.  
V. GROSSMAN

Lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente
que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres
no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron,
y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales.
H. ARENDT

esta evidencia, esta obligación de vivir con el mal 
en nuestro interior es difícil de aceptar, y preferimos 
levantar un alto muro entre los «monstruos» y nosotros,
 condenarlos al oprobio y creernos diferentes por esencia,
 asombrándonos de cómo semejantes seres 
han podido siquiera existir.
T. TODOROV  

Más lograda que Life & Times of Michael K, en mi opinión, aunque tienda a la fábula (y yo no soy apasionado de las fábulas), pero no al nivel de Disgrace o Age of Iron.  Sin duda, lo mejor, lo esencial, prefigurando esas magistrales novelas de después, es la profunda conciencia del protagonista de su complicidad de muchos años con el mal.  De que su resistencia final frente al Imperio muy poco tiene de heroica, por ser más cabezonería de viejo que indignación ante lo injusto.  

Coetzee se sitúa así frente al mal en la línea de Arendt y de Grossmann, con su lúcido rechazo de la autocomplacencia.  En la línea en la que más tarde se pondrá Tzvetan Todorov en una breve obrita imprescindible, titulada La memoria, ¿un remedio contra el mal?  


* * *

La imagen está extraída de aquí.  Es un fotograma de El hombre que pudo reinar, de John Huston (1975).  Esos paisajes desolados del Afganistán decimonónico son los que me vienen a la cabeza para ambientar Waiting for the barbarians.

lunes, 20 de febrero de 2012

Pistas falsas



Així és tot poema.  No el cant perfecte,
sinó un fred quasi blau que ratlla els vidres.

* * *

Así es todo poema.  No el canto perfecto,
sino un frío azulado que raya las ventanas.






De Joan-Elies Adell, Pistes falses / Pistas falsas, La Garúa 2006.


La foto está sacada de aquí.



lunes, 13 de febrero de 2012

poeXXI@



Aquí, unas pocas notas sobre poeXXI@, el nuevo Festival de la Palabra que vendrá en marzo a darle el relevo a versátil.es.




miércoles, 8 de febrero de 2012

Dream is over




Cuando de pronto se oiga, a medianoche
a un invisible tíaso pasar
con músicas fantásticas, con voces
tu suerte que declina, tus hazañas
que no fueron cumplidas, tus proyectos
que fueron todo errores, no los llores para nada.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
dile por fin adiós a Alejandría que se marcha,
y sobre todo no te engañes y no vayas
a decir que fue un sueño, que se confundió tu oído.
No confíes en tales esperanzas vanas.
Como dispuesto de hace tiempo ya, valiente,
como te cuadra a ti, que tal ciudad te mereciste,
quédate inmóvil junto a la ventana
y escucha conmovido, pero no
medroso y suplicante como los cobardes,
como un placer postrero los sonidos,
los raros instrumentos del tíaso sagrado
y di por fin adiós a Alejandría que se marcha.


* * *


La foto está sacada de aquí.

jueves, 2 de febrero de 2012

Wisława Szymborska, in memoriam


(Wisława Szymborska, 1923-2012)

La suya ha sido una de las pocas poesías traducidas que me he animado a leer. Obsesión de filólogo, prefiero acercarme sólo a aquello que más o menos puedo entender en versión original.  Por eso, a pesar de que sus versos soportan bien la traducción, siempre me ha quedado la cosa de cómo sonarán en esa lengua llena de laterales y de casos que hablan chicas tremendamente guapas.  De cómo sonarán poemas como éste, que recuerdo especialmente y que dejo aquí como mínimo homenaje:



         LA LECCIÓN

         Quién, qué el rey Alejandro con quién, con qué con una espada
         corta de un tajo a quién, qué el nudo gordiano.
         Esto no se le había ocurrido antes a quién, a qué a nadie.

         Había cien filósofos -ninguno lo había desenredado.
         No es extraño que ahora se escondan por los rincones.
         La soldadesca los agarra por esas barbas
         de chivo, histéricas, canosas
         y estalla una estruendosa quién, qué risa.

         Basta.  Lanzó el rey una mirada desde debajo de su penacho,
         monta en su caballo, se pone en camino.

         Y tras él, en la trompa de las trompetas, en el tambor de los tamboriles,
         quién, qué un ejército compuesto de quién, de qué de pequeños nudos,
         para quién, para qué para el combate.



De Sal (1962), incluido en El gran número. Fin y principio y otros poemas, Hiperión, Madrid 1998.