domingo, 8 de enero de 2012

¿Qué vas a leer en 2012?

En realidad, no estoy muy convencido sobre la conveniencia de escribir esta entrada, visto el éxito que tuve con mi lista del año pasado, de la que me salté casi todo, sobre todo en la parte referente al ensayo.

Pero bueno, todo será hacer una lista menos ambiciosa este año.  Así que vamos a ello.  Estos son mis planes de lectura para este año:




En novela, El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq, y Libertad, de Jonathan Franzen.  




En poesía, Deshielo a mediodía, de Tomas Tranströmer. Me he quedado con ganas de leerlo después de las cosas buenas que he oído contar de él después de que le dieran el Nobel.  Y, por supuesto, los libros cólmicos últimos de Sara R. Gallardo  (Epidermia) y Adriana Bañares (Happy Meal), y la próxima plaquette de nuestra serie de Poemas de la Chica de la Curva, que con un poco de suerte saldrá a la luz dentro de muy poquito.



En el nebuloso terreno intermedio entre poesía y prosa, el libro "prohibido" del año, con una copia del cual he conseguido hacermeEl Hacedor (de Borges). Remake, de Agustín Fernández Mallo.




Por último, en ensayo, me conformo con acabar mi lectura de The Better Angels of our Nature, de Steven Pinker, y con leer el Por qué creemos cosas raras (Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo), de Michael Shermer.


¿Qué planes de lectura tenéis vosotros?

miércoles, 4 de enero de 2012

Un poema de Adriana Bañares

Acabo de ver Toy Story 2 en la televisión, y no puedo menos que acordarme de este poema de Adriana, incluido en la plaquette #3 de la serie Poemas de la Chica de la Curva publicada por COLMO Colectivo:



Free — is all that she could bleed
That's why she'll never stay
White — bare naked in the night

Molly's Chambers. Kings Of Leon

Molly's Chambers

Debajo de la cama, diseñadas para ser perfectas, casi una veintena de barbies acaparan la atención de todos los muñecos que, negándose a admitir el abandono, se aferran con fuerza a la última copa en el Karaoke Café.  Las miro con desdén mientras reparo, por cuarta vez en lo que va de día, mi brazo derecho.  Observo con detenimiento cada pespunte.  Los hilos que se escapan a lo largo de mis piernas.  Las pelotillas que no dejan de brotar por mi cabello de lana naranja.  Ellas: plástico impoluto.  Suave, turgente y escandalosamente sexy.  Su pelo: fino, largo, insultantemente rubio.  Pero aquí debajo, al fin y al cabo, todos estamos al mismo nivel.  Como despojos.  Usados.  Abandonados por el primer monopatín a los diez años.  Lo único que queda es el eterno temor a no estar solo.  Me pregunto qué sentido tiene continuar en vela por un niño que ya no juega con nosotros.  Harta de seguir en esta farsa, descoso entre lágrimas de guata todos los remiendos.  No es tan difícil de asumir.  Todos los juguetes nacemos muertos.